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¿Hongos para ser feliz? La moda de las microdosis, entre la medicina y la mística

¿Hongos para ser feliz? La moda de las microdosis, entre la medicina y la mística


Un reseteo de la mente. A eso apuntan los diferentes estudios y testimonios cuando buscan describir lo que se logra mediante el tratamiento con psilocibina, el principio activo que tienen los hongos alucinógenos. Un psicodélico natural que no genera dependencia y que fue utilizado por diferentes culturas ancestrales para sanar. Ya los aztecas trataban las migrañas y cefaleas con hongos que encontraban en pastizales o en el excremento del ganado. 

En los últimos tiempos el tema de la terapia con microdosis de hongos fue tomando relevancia. Pero hasta el momento solo en Oregon, Estados Unidos, comenzará a implementarse un programa pionero de pruebas y formación con psilocibina terapéutica desde el estado. En Argentina, la forma de administración de esta décima parte de un gramo de diferentes exponentes de la rama psilocybe cubensis tiene distintos protocolos que se van transmitiendo de boca en boca: tomar un día, parar dos; o tomar 4 días seguidos y parar 3, por ejemplo. Separar un pedacito de hongo, a veces a ojo, a veces con una balanza; o consumirlo en cápsulas.

Distintas investigaciones aseguran que las personas que tomaron psilocibina acceden a tener más confianza para cambiar su comportamiento y hasta logran controlar sus adicciones: hay estudios hechos con alcohólicos, fumadores y veteranos de guerra con tendencias suicidas. Hay personas que dan testimonio de haber potenciado su compromiso con las prácticas espirituales; sienten más gratitud, compasión, altruismo y sensibilidad. Un importante aumento en su creatividad. Una unicidad con el entorno.

Nada que temer

A Mauro Eyo, tomar antidepresivos lo incomodaba un poco. Por eso decidió consultarle a su psiquiatra para encarar un proceso alternativo con microdosis de hongos. Él ya los conocía por haber tenido experiencias recreativas, el “viaje” que le dicen. Una situación muy diferente a la toma de microdosis, pero que resignificó para siempre la historia de muchas personas.

Guillermo recreó la conexión consigo mismo a la que llegó cuando estaba arreglando una planta de su casa: “si puedo salvarla a ella, me puedo salvar yo”, recuerda que pensó un día en que  tomó algo así como 2 mg. mientras escuchaba una playlist confeccionada especialmente para estos momentos. En 1961, en una carta dirigida al psicólogo Timothy Leary, el escritor Jack Kerouac contó qué le pasó cuando probó psilocibina: “Mayormente me sentí como un Genghis Kahn flotante, sentado en mi alfombra voladora con mis dioses a mi lado, una sensación antigua de templos, un sueño encantador -escribió-. Cuando me levanté a la mañana siguiente, por un instante sentí que todo el barrio estaba en paz porque sabían que yo era el Maestro de la Verdad de los Cielos”.

De la Rúa
Fernando “Aíto” de la Rúa en un ensayo con microdosis.

En su momento, el boxeador Mike Tyson reveló que después de arrancarle un pedazo de oreja a Evander Holyfield con sus dientes, hizo un viaje de hongos y su vida cambió por completo. La modelo y activista Calu Rivero también hizo declaraciones sobre las terapias con hongos: “Es algo que te ayuda a ver qué está adentro, en tu inconsciente. Es ‘wow’ -expresó en una entrevista en mayo pasado-. Gracias a la psilocibina, entre otras cosas, empecé a entender mi propio vínculo con ser mujer”.

En el documental Fantastic Fungi de Netflix, el micólogo Paul Stamatets relató cómo, gracias a una experiencia con hongos, dejó de tartamudear, algo que había hecho toda su vida. Hasta ese día. Hasta que viajó con psilocibina.

El tratamiento con microdosis se realiza por fuera de un entorno clínico supervisado y no existen estándares que regulen las cantidades y las frecuencias de uso.

Pero el tratamiento con microdosis es algo bien distinto: una de las mayores diferencias con los viajes es que no tiene “pegue”. A Mauro, igual que a muchos, esta opción para tratar síntomas incómodos le pareció menos invasiva que la medicación farmacológica. Inclusive, comenzó a tomarla mientras continuaba con su antidepresivo. Sin embargo, a medida que empezó a sentir menos ansiedad por la mañana, la fue bajando. Las dos medicinas no son incompatibles, dice. Pero hay quienes no lo aconsejan. Lo que sucede es que, al no haber suficiente información documentada, todavía quedan aspectos inconclusos. Se trata de una práctica que se realiza por fuera de un entorno clínico supervisado y no existen estándares que regulen las cantidades y las frecuencias de uso. Tampoco se sabe qué sucede a largo plazo. 

Terapia con Psilocibina en el Imperial College de Londres.

“Abre a las personas hacia el gran misterio de lo que no conocemos”, resumió el director del Centro de Investigación Psicodélica de la Universidad Johns Hopkins, Roland Griffiths. Allí se retomaron los estudios con psicodélicos que en los años 60’s y 70’s se habían impulsado en Estados Unidos, pero que se suspendieron cuando la sustancia se escapó de los laboratorios y pasó a ser consumida masivamente sin controles. En una entrevista reciente con Scientific American, el profesor de neurociencia habló de la investigación que llevaron a cabo con enfermos de cáncer que realizaron una toma de psilocibina en un entorno ceremonial y acompañados. El investigador dijo que, durante el proceso, comprobaron que las personas alcanzaron un panorama más amplio donde “todo está bien” y “no hay nada que temer”.

Los hongos no son mágicos: tiene que haber cierta predisposición al cambio.

Mauro Eyo, usuario.

Mauro cuenta que con la nueva medicina -sí, así la llama- puede funcionar mejor en lo cotidiano. Que encara mejor sus problemas, que fue perdiendo miedos. Que le gustaba una piba, que no sabía cómo invitarla a salir. Y que así logró hacerlo. Acompañado del laburo en terapia y sumado a su “voluntad”, fue adquiriendo una “cosmovisión” de sí mismo. “Los hongos no son mágicos, tiene que haber cierta predisposición al cambio”, evaluó.

¿Cómo actúa la psilocibina?

Los efectos de la psilocibina se observan sobre la conectividad en la red neuronal por defecto (RND), un conjunto de regiones cerebrales que colaboran entre sí en estados de reposo, y en la transmisión de información. A su vez, los psicodélicos clásicos interactúan con uno de los receptores de la serotonina

Las personas que tomaron psilocibina reportaron mejoras significativas cuando lograron tener una experiencia del tipo mística.

Carla Pallavicini, de Cocucolab.

En Argentina sigue habiendo muchas trabas para investigar psicodélicos, pero el laboratorio que lidera Enzo Tagliazzucchi (cocucolab.org, fundación phalarislab.org ) está en proceso de conseguir la aprobación de un protocolo que va a reproducir el experimento de John Hopkins con enfermos de cáncer, pero sumándole un retiro de meditación de tres días. Carla Pallavicini, que forma parte del equipo, explicó a Diario Con Vos que las personas que tomaron psilocibina “reportaron mejoras significativas cuando lograron tener una experiencia del tipo mística”. 

Hasta el momento, el laboratorio solo hizo investigaciones observacionales en las que midieron a personas que iban a consumir hongos obtenidos por sus propios medios. Para llevar adelante una de ellas, donde la ceremonia de psilocibina se complementó con una meditación guiada llamada Imaginería Compasiva, colaboró la empresa Spinoza de la que forma parte Fernando “Aíto” De la Rúa. La pareja de Calu Rivero, a su vez, tiene un proyecto llamado “Fungi & Mind Evolution”, que lidera Tagliazucchi. 

Lo que está comprobado, y lo que no

En uno de estos estudios los investigadores introdujeron placebos, coordinando con los voluntarios el armado de dosis con otros tipos de hongos que no contuviesen psilocibina. Al respecto, Pallavicini aseguró que no encontraron diferencias entre esa sustancia y la microdosis.

En cuanto a las observaciones que hicieron en personas que tomaron microdosis, Pallavicini contó que los voluntarios expresaron sentir una diferencia en la relación con el tiempo: dijeron que el día les “rendía más”. Ella vincula esta sensación a la capacidad de estar “enfocados”, teniendo en cuenta que están haciendo algo, activamente, que creen que les hace mejor. Para la investigadora, el consumo de microdosis de hongos va a hacer un camino ligado a las expectativas, a los parámetros que implica tener una modificación positiva en las rutinas y a las terapias que se hagan en paralelo. “Esa combinación puede generar cambios muy importantes”, consideró.

La especialista coincidió con los estudios de la John Hopkins o los del Imperial College de Londres (que comparó la eficacia de la psilocibina con la del antidepresivo escitalopram), en los que la terapia con psilocibina puede servir para tratar patologías como la depresión o ciertos tipos de ansiedad.

Aunque su equipo recién ahora comenzará a tener resultados propios cuando consiga los permisos para importar, tener y administrar el sintético. 

La psilocibina no tiene riesgos de generar toxicidad pero no se sugiere su uso en personas con algún tipo de psicosis, esquizofrenia, trastornos de bipolaridad o que tengan algún familiar con estos diagnósticos.

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